Los 10 mandamientos

Decir adiós es triste. Prefiero decir hasta luego. Se acabó Sevilla, de momento, y hay que volver al centro de la piel de toro para seguir contando historias y afrontar la realidad que la crisis económica le depara a la profesión periodística, que es la mía.

En la retina llevo un puente que une a un barrio con su ciudad y que cimbrea cada vez que cornetas y tambores los cruzan. En la memoria llevo una esbelta torre que siempre será el highline de Sevilla, por mucho que se empeñen en construir un mastodonte en la otra orilla. En el paladar llevo el sabor de las palmeras de yema tostada cubiertas de chocolate que venden en la pastelería San Pablo, en La Magdalena. En la maleta llevo 12 postales de los rincones más antiguos de mi ciudad. Y en el corazón llevo un no sé qué que no puedo describir con palabras.

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Letrero de fin del término municipal de Sevilla.

Dicho esto, me atrevo a redactar los 10 mandamientos que debe cumplir todo sevillano y cualquier turista antes de salir de Sevilla, da igual el motivo.

El primero, no te irás de Sevilla sin cruzar el puente de Triana, dirección Altozano, a la caída de la tarde; pasear por la calle San Jacinto y hacer una parada en la Blanca Paloma y en Las Golondrinas, para volver a cruzar el río después de caer la noche y deleitarse con las luces que iluminan a la Torre del Oro, la Maestranza y la Giralda.

El segundo, no te irás de Sevilla sin adentrarte en el barrio del Arenal a la hora del aperitivo, después de cruzar el arco del Postigo. Pasea por las calles estrechas y menudas que conforman los aledaños de este barrio y disfruta de la cocina de Antonio Romero, de Casa Moreno y La Taberna.

El tercero, no te irás de Sevilla sin subir a las Setas de la Encarnación y admirar la ciudad desde lo más alto. Deja la Giralda a tu izquierda y mira de frente, verás Triana. A la derecha, la Torre Pelli y el Alamillo. Sin duda, un balcón digno de reyes.

El cuarto, no te irás de Sevilla sin pasar por la plaza de San Lorenzo y callejear por los rincones aledaños a la Capilla de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, con la casa en la que nació Gustavo Adolfo Bécquer como vecina del templo del Señor de Sevilla. Busca Casa Ricardo y disfruta de la historia que encierran sus paredes, repletas de fotografías de los más variados personajes. Un restaurante sevillano con solera.

El quinto, no te irás de Sevilla sin sentarte en uno de los bancos de la Alameda de Hércules y ver como los niños corren de un lado a otro, mientras el agua de las fuentes serpentea. Recorre después la calle Feria y vete al barrio de La Macarena. Las murallas de la ciudad esperan tu visita, no sin antes cruzar el arco que cada año protege el paso de la Esperanza.

El sexto, no te irás de Sevilla sin visitar el Cementerio de San Fernando, un auténtico museo en campo santo. Historia en cada una de las tumbas, joyas arquitectónicas y esculturas que recuerdan a los grandes hombres y mujeres allí enterrados. No te pierdas la tumba de Antonio Machín, discreta, escondida y sencilla.

El séptimo, no te irás de Sevilla sin alquilar una bicicleta y recorrer el paseo del río Guadalquivir desde el barrio de San Jerónimo hasta el muelle de Las Delicias. Las horas de la puesta de sol son las mejores.

El octavo, no te irás de Sevilla sin adentrarte en el Parque de María Luisa con un libro de Gustavo Adolfo Bécquer bajo el brazo, sentarte a la sombra de un árbol (con una botella de agua cerca) y leer un poema del sevillano.

El noveno, no te irás de Sevilla sin probar un helado artesano de Rayas, en la plaza de San Pedro. Y de ahí al barrio de la Alfalfa, donde te espera una de las calles más estrechas de la ciudad (las Siete Revueltas). No te pierdas buscar la calle Córdoba y oler a incienso.

El décimo, no te irás de Sevilla sin recorrer la calle Sierpes, de un extremo a otro, empezando en La Campana y terminando en la plaza de San Francisco. Continúa por la Avenida de la Constitución y dale la vuelta al Archivo de Indias. Busca el arco que da acceso al barrio de Santa Cruz y piérdete por sus calles. Siéntate en un taberna y bebe una cerveza bien fría antes de llegar a los Jardines de Murillo.

Estos 10 mandamientos se resumen en dos. No te irás de Sevilla sin beber una Cruzcampo en la plaza del Salvador a medio día y sin ver Sevilla desde Triana a la caída de la tarde.

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Las fiestas populares

¿Qué dirían si les cuento que una empresa canadiense va a financiar los festejos taurinos que el pueblo de La Algaba celebra cada año en su popular Fiesta de los Toros de septiembre? Se trata de First Quantum, una compañía minera especializada en cobre, níquel, oro, zinc y metales platinos. Para ser más exactos, los dueños de Cobre Las Cruces, el mayor complejo minero de extracción de cobre a cielo abierto de Europa ubicado en los términos municipales de Gerena, Guillena, Salteras y La Algaba.

El año pasado, el Ayuntamiento de La Algaba decidió tirar de la austeridad y suspender parte de sus festejos taurinos, además de no celebrar las populares sueltas de vaquillas por las calles del pueblo. El argumento que dio el consistorio fue que la situación económica no se lo permitía y que con la decisión tomada se ahorraría 15.000 euros.

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La plaza de toros de La Algaba.

La Algaba no fue el único pueblo que optó por ponerse el cartel de austero y suspender sus fiestas populares el año pasado. Mairena del Aljarafe anuló una feria de 80 años de historia, que suponía un coste para el consistorio de 600.000 euros. Cantillana sustituyó su fiesta por una muestra de empresarios locales sin coste para el Ayuntamiento. San Juan de Aznalfarache decidió no montar casetas y apostar por barras y un mercadillo medieval. Todo era poco con tal de recortar gastos.

Sin embargo, este año, algunos ayuntamientos prefirieron pedir financiación a grandes empresas para organizar sus fiestas populares. Entre ellos, La Algaba, cuya plaza de toros es conocida por ser el ruedo que eligió Curro Romero para despedirse del mundo taurino, el 22 de octubre de 2000. El Ayuntamiento decidió dejar a un lado otro año austero y no le importó que una de las empresas más expedientada por la Junta de Andalucía en materia de medio ambiente patrocinara su cartel de toros.

La Fundación Cobre Las Cruces patrocinará los cuatro festejos taurinos que se celebrarán en La Algaba entre los días 12 y 15 de septiembre. Un cartel que contará con toros de los Hermanos Expósito, los Guardiola, toros de Albarreal, del Conde de la Maza y de José Luis Osborne, para 12 novilleros de la provincia de Sevilla, otro de Toledo, uno de Huelva y dos rejoneadores (Velez-Málaga y Zafra). Entre ellos, el novillero sevillano Jesús Bayort, finalista de La Maestranza.

Sin duda, un cartel de lujo que el Ayuntamiento algabeño no quiso pasar por alto, aunque su padrino sea una empresa con un currículo medioambiental nada brillante.

El uso de la mantilla

Puerta de Toledo de Madrid. Una banda de música baja por la Gran Vía de San Francisco procedente de la Iglesia de La Paloma y se dispone a meterse en las entrañas del barrio de La Latina. Tras ella, insignias y estandartes portados por chulapos y chulapas que preceden a la imagen de Nuestra Señora de la Paloma. Ellos, hechos un pincel. Ellas, idem de lo mismo, sino fuera porque el color y la manera de lucir las mantillas chirrían a mis ojos.

No pretendo criticar las costumbres de un pueblo, simplemente gritar que ese manto de encaje que cubre la cabeza es algo más que un adorno, es una tradición y el espejo de una cultura ancestral. Hay que saber cómo usarlo y en qué momento, de qué manera y con qué color. No basta portar una buena peineta y un elegante recogido, la mantilla se merece más que eso.

Las chulapas madrileñas lucen mantillas blancas y color marfil, en plena tarde y por las calles de la ciudad. Lo que empezó siendo una protesta de las mujeres españolas a las costumbres de nuevos tocados extranjeros, se ha convertido en una prenda a destacar en el ropero de las mujeres del sur y el centro de España.

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Mujer vestida con mantilla en Semana Santa. / JAVIER BARBANCHO

Sevilla o Córdoba son ciudades de mantilla por excelencia y, como tal, el espejo en el que debería mirarse más de una mujer antes de colocarse este manto sobre la cabeza.

Las normas de protocolo advierten de que la mantilla blanca o marfil sólo la deben usar las mujeres solteras, siendo el negro el color que se deja a las casadas. No todas las mantillas sientan igual a todas las mujeres. Ello dependerá de la altura de cada persona y de la manera en la que se colocó.

Los expertos en esta materia recomiendan que el largo de una mantilla debe acabar a la altura de las manos, por la parte de delante, y un poco más abajo de la cadera, por la parte de detrás. Sin olvidar sujetarla al vestido para que no vuele. Otro secreto está en apuntarla a los hombros de manera que no quede tirante al mover la cabeza.

La elección de la peineta es fundamental al vestir con un mantilla. Su altura dependerá de la estatura de la mujer. Las personas más bajas deberían usar peinetas altas, y viceversa.

Francisco de Goya pintó mujeres con mantilla. Y la reina Isabel II de España estaba enamorada de esta prenda de vestir. Hoy, la mujer española sigue usando mantilla, aunque hay algunas que deberían consultar a un experto estilista antes de colocárselas sobre la cabeza.

Escuela de futbolistas

Ante la duda, lo mejor es preguntar a los sabios y después decidir. ¿Qué es para ti el Sevilla Fútbol Club? Le pregunté a un amigo que un día cambió el caballo de cartón por un balón. “¿Tiene que ser ahora?”, respondió. Sí, le contesté. Dos segundos después tenía la respuesta. “Un sentimiento”.

El Sevilla es un sentimiento para este sabio amigo y compañero, pero yo prefiero llamarlo una escuela de futbolistas, porque los parió, los crió, los educó y les dio alas para que volaran a lo más alto. Los últimos en salir del nido fueron Navas y Negredo.

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Negredo y Navas en un partido de Copa del Rey del Sevilla./ JAVIER BARBANCHO

“Lo considero un hasta pronto, porque no voy a renunciar nunca a mis orígenes. Mi casa siempre será el Sevilla”. Lo dijo Jesusito Navas, el penúltimo en abandonar el Sánchez Pizjuán. Empezó en el Sevilla con 15 años, en la temporada 2003-2004. Su padre lo llevaba en coche a los entrenamientos para que Jesús lograra su sueño. “Muchós más de los que imaginé”, confesó antes de marcharse.

El 3 de junio de 2013, su club de toda la vida lo vendió por 25 millones de euros al Manchester City. Navas es hoy jugador de la selección española. Debutó con la Sub 21 en 2004, justo un año después de que el Sevilla empezara a educarle en las artes del balón.

“Tengo algo que siempre me va a tener unido a Sevilla, que es mi hija, que va a ser la más sevillista de todas. Esperamos sacarle el carnet de este año, que sienta lo que es el sevillismo”. Fueron las palabras de un emocionado Álvaro Negredo, que llegó a la ciudad hispalense en 2009 procedente de la UD Almería, pero con una opción de compra que se había guardado el Real Madrid. El equipo blanco y el club de Nervión negociaron el futuro del jugador, y se lo quedó el Sevilla por 15 millones.

“Quiero dar las gracias al presidente, que apostara por mí desde el principio sin ser nadie”, confesó el futbolista, que también voló al Manchester City, el pasado 18 de julio, y también accedió a La Roja desde el Sevilla.

Pero no sólo fueron Navas y Negredo. El Sevilla parió y educó a Sergio Ramos, Dani Alves, Adriano, Escudé, Keita, Poulsen y Diego Capel. Sin olvidar a Iván Zamorano y Davor Suker.

Ramos empezó en las categorías inferiores del Sevilla. Saltó al primer equipo en la temporada 2003/2004. En 2005, el Sevilla lo vendió al Real Madrid por 27 millones de euros. Es jugador de la selección española, donde debutó el mismo año en el voló del nido.

Dani Alves empezó a jugar como profesional en 2001 y, apenas un año después, se incorporó a las filas del Sevilla procedente del Esporte Clube Bahia, que lo cedió por 500.000 euros. En 2004, el Sevilla lo compró por 850.000. En 2008, Alves fue traspasado al FC Barcelona por 35,5 millones. La selección de Brasil lo eligió como jugador nacional en 2006, mientras se educaba en el Sánchez Pizjuán. Hoy, sigue siendo internacional

Adriano, el otro brasileño, llegó al Sevilla en 2005 procedente del Coritiba Foot Ball Club. Allí estuvo cinco años, hasta que el equipo rojiblanco lo vendió al FC Barcelona por 12 millones de euros. Fue internacional con la selección brasileña, donde jugó nueve partidos.

Julien Escudé aterrizó en el Sevilla en 2006 procedente del Ajax de Ámsterdam. Hoy juega en el Besiktas JK y ha sido internacional con la selección francesa en siete ocasiones desde 2006.

Seydou Keita es de Mali y vino a Sevilla en 2007, procedente del Lens. Un año después pasó al Barcelona, por 14 millones de euros, en plena era Guardiola. Allí estuvo cuatro temporadas. Fue internacional en la selección de Mali.

El danés Christian Bager Poulsen fichó por el Sevilla en 2006, procedente del Schalke 04. Estuvo hasta 2008, cuando fue fichado por la Juventus FC. Ha sido internacional de la selección de Dinamarca en 74 ocasiones.

Diego Capel es de Almería, pero empezó en la cantera del Sevilla (Sevilla Atlético) en 2004, pasando al primer equipo en 2007. En 2011 fue traspasado al Sporting de Lisboa por 3,5 millones. Jugó en la selección española sub 17, 19, 20 y 21. También lo llamó Vicente del Bosque.

Sin duda, una alineación envidiable que vuela cada vez más alto. La pregunta es por qué. “El Sevilla está perdiendo a los buenos cada año”. No lo digo yo, lo dice un periodista deportivo madrileño cuyo nombre prefiero obviar. Pero lo comparto.

Tempura de bacalao

“Hacer o esforzarse por hacer lo mismo que otro o según el estilo de otro”. Así define la Real Academia de la Lengua Española el verbo imitar y eso es lo que hacen fuera de Andalucía los que quieren vender productos típicos del sur de España como si fueran suculentos manjares inventados en el centro del país.

La Antoñita es un restaurante de cocina de mercado, como lo califican sus propios creadores, situado en el número 14 de la calle de la Cava Baja de Madrid. Entre sus delicatessen se encuentra la tempura de bacalao y la tortilla de camarón, dos entrantes capaces de engañar a cualquier ignorante.

La tempura es una fritura japonesa de mariscos y verduras, que se hace con el aceite a 180 grados de temperatura y se mantiene en la sartén durante apenas tres minutos. El bacalao es un pez apreciado por su carne y ser rico en ácidos grasos omega 3. La tortilla es un plato elaborado con huevos batidos. Y el camarón es un crustáceo, de agua dulce o salada, que hay que cocer antes de comer.

Obsesionados por ser originales y dar un valor añadido a sus platos, hay restaurantes que son capaces de disfrazar recetas de toda la vida con tal de robar al turista más inculto o al español más ingenuo. Es el caso de esa tempura de bacalao, que ni es tempura japonesa, ni nada que se le parezca. Aquí os la presento…

tempura de bacalao

Nada de fritura de Japón que hay que mojar en una salsa hecha para la ocasión antes de degustarla. Se trata de una pavía andaluza, con todas sus letras.

Lo mismo ocurre con la tortilla de camarón, que tiene de todo menos camarones. Una masa pastosa y gorda, nada crujiente y muy aceitosa, en la que encontrar un pequeño crustáceo es como buscar una aguja en un pajar. Pero lo más sorprendente es su manera de presentarla…

Tortilla de camarón

Quieren ser tortillitas de camarones, pero no pasan de ser una imitación mal hecha. No obstante, no puedo pasar por alto que hay restaurantes y bares que hacen gala de la bandera de Andalucía fuera sus fronteras y merecen ser reconocidos. El secreto está en que no son imitadores del sur, sino auténticos andaluces nacidos bajo el sol de nuestra tierra.

Un consejo, visiten el bar Sanlúcar, un bello rincón de la cocina gaditana afincado también en un número 14 de Madrid, pero con la diferencia de que la calle se llama San Isidro Labrador y su tortilla de camarón son tortillitas de camarones, con todas sus letras.

Toreros de relleno

“Ya no jugué más al fútbol esa tarde; me aparté de los colegas y empecé a darle vueltas al asunto. Tantas que al llegar a casa le dije a mi padre que quería ir otra vez a los toros. ‘¡Pero si no te gustan, cabrón!‘, me soltó mosqueado”.

Su nombre es José Miguel Arroyo, aunque los aficionados del mundo taurino prefieren llamarle Joselito. Nacido “en pleno barrio de Salamanca”, en Madrid, como él mismo advierte con sorna en su autobiografía Joselito, el verdadero, se crió en La Guindalera, la puerta de atrás del susodicho barrio y a pocos pasos de la plaza de toros de Las Ventas.

“De no haber peleado por ser torero, a estas alturas estaría en la cárcel o me habría muerto de sobredosis”, reconoce sin ningún pudor. “Quién le iba a decir a aquel macarrilla que yo era, a aquel mangui con chupa de cuero que robaba relojes y radiocasetes en los descampados, que pasado el tiempo le iban a poner delante una tarjeta con tratamiento de Excelentísimo Señor”.

Joselito es un ejemplo de superación y espejo de jóvenes inquietos por coger una muleta, ponerse delante de dos pitones y debutar en Las Ventas de Madrid.

Sin ir más lejos, siete espadas del toreo sevillano se dieron cita en la Feria de San Isidro para demostrar su valía y temperamento. Algunos, por estos lares, prefirieron llamarles toreros de relleno, a excepción de a José Antonio Morante Camacho, el simpar Morante de la Puebla. Pero, críticos al saco, lo cierto es que también salieron al ruedo para no volver a jugar más al fútbol y merecen ser enumerados.

Antonio Nazaré, de Dos Hermanas, que tomó la alternativa; Oliva Soto, de Camas; Esaú Fernández, también de Camas; Daniel Luque, de Gerena; Manuel Jesús, llamado El Cid, de Salteras; y Miguel Ángel Delgado, de Écija. 

Deambulando por el centro de Madrid me topé con esta fotografía por sorpresa. Está colgada en la pared de Los Jiménez, un bar de comidas fundado en 1963 por una familia cordobesa y situado en la esquina que forman las calles Barbieri y San Marcos. He aquí que encontré la respuesta a los sinsabores que el pijo aficionado madrileño deja cuando se lo propone.

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Antonio Bienvenida y Curro Romero salen a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas. Tanto uno como otro recibieron críticas y elogios de los pijos. Y tanto uno como otro empezaron también siendo toreros de relleno. Sin olvidar a Joselito.

Antonio se consagró en Las Ventas el 18 de septiembre de 1941, cortándose también la coleta en esta plaza, el 16 de octubre de 1966. Curro debutó en ella el 18 de julio de 1957, pero prefirió retirarse en La Algaba (Sevilla), vestido de corto y por sorpresa, el 22 de octubre del año 2000.

Dice Joselito que “el toreo es una emoción de emociones íntimas y profundas […] Y por eso, como todo arte, es capaz de conmover los sentimientos de quien lo contempla. Una faena es como una pintura, una escultura, una sinfonía… Si lo que ves llega y te conmueve, es arte. Y sólo es artista el que lo consigue”.

Tomando prestado el concepto milésima que acuñó el fotógrafo sevillano, y amigo, Alejandro Ruesga, los toreros de relleno dejarán de serlo cuando conviertan sus capotazos en milésimas capaces de conmover al más pijo madrileño. Es decir, cuando provoquen ese “pellizco interior que te lleva por la vía del magnífico mundo del arte”. Palabras de fotógrafo.